Teresita Pérez / Plataforma Urbana
Teresita Pérez / Plataforma Urbana

El Parque Metropolitano es una caja de sorpresas

Es uno de los errores clásicos entre los muchos que cometemos los santiaguinos: creer que el cerro San Cristóbal es sinónimo del Parque Metropolitano. Una falacia que se suma a afirmar que el Mapocho sigue oliendo mal o que la Plaza Baquedano es la Plaza Italia. Mitos que sólo sirven para alimentar el bullying que algunos -cada ves menos, eso sí- le hacen a su propia ciudad. ¿Sabe cuántos cerros tiene el Parque Metropolitano? ¡Ocho! Al San Cristóbal hay que sumar el Chacarillas, Pirámide, Gemelos (son dos), Polanco, El Carbón y el cerro de las Antenas. Y si somos más estrictos, y sacamos de la lista el de las Antenas y lo dejamos como parte del San Cristóbal, así como el Pirámide por lo pequeño, nos quedan seis cerros en total. Usted elige: seis u ocho cerros, pero eso es bastante más que uno. Esta primera aclaración es importante por varias razones. Sirve para entender cómo es posible que nuestro fantástico @Parquemet sea el cuatro parque urbano más grande del mundo. Y es importante, especialmente, porque permite sumergirse en la variedad e inmensidad patrimonial que se puede encontrar en sus 737 hectáreas. Entendiendo patrimonio desde la mirada que incluye el paisaje, la geografía, la arquitectura, el arte público y la historia.

Partamos por este último aspecto. ¿Sabía usted que en este lugar está uno de los observatorios astronómicos más importantes que han existido en Chile? Se trata del Observatorio Manuel Foster, que fue instalado en el cerro San Cristóbal en 1903 por el Observatorio Lick de la Universidad de California. Fue la primera edificación en ocupar la cumbre del cerro San Cristóbal. Y “aunque la idea original fue instalar el telescopio en el país sólo por tres años, los exitosos resultados científicos obtenidos lograron prolongar las observaciones por otros 25. En 1928 la Universidad Católica lo recibió como una donación del destacado político y profesor de la misma casa de estudios Manuel Foster Recabarren”, explica el sitio astro.uc.cl y agrega que “durante sus primeros años de operaciones, fue parte de los nueve telescopios más grandes del mundo por lo que sus hallazgos revistieron gran importancia histórica para el desarrollo no sólo de la astronomía nacional sino también mundial. Así, las observaciones realizadas desde el Observatorio Manuel Foster marcaron el inicio de la Astrofísica en Chile”. Luego de varias décadas de abandono, se restauró en la década de los ochenta.  Fue utilizado para actividades de investigación, docencia y extensión. E incluso, en 1986, se realizaron observaciones del cometa Halley para todo público hasta que dejó de operar en 1995. En 2010, el Observatorio Histórico Manuel Foster fue declarado Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico y se puede visitar cada día del Patrimonio. ¿Increíble, cierto?

Sigamos con otro espacio poco conocido del parque. Se trata de Bosque Santiago. Son 180 hectáreas donde hay todo tipo de vegetación representativa de la Zona Central, además de humedales, un precioso anfiteatro, juegos para niños y un completo programa para aprender de nuestra flora y fauna. De hecho, su nombre completo es Centro de Educación Ambiental Bosque Santiago y cuenta con un recorrido guiado de dos horas y media, a través de estaciones educativas de reciclaje, compostaje, vivero, camélidos, biofiltro y más. Durante la semana, reciben a cientos de escolares que vienen previa coordinación con el Bosque. Y los fines de semana abre de manera gratuita, sin necesidad de avisar antes. Salvo, claro, que quieran hacer la caminata al Cerro El Carbón (1.365 msnm), ascenso que se hace a través de un sendero educativo con estaciones de descanso, donde se abordan temas de flora y fauna nativa, relieve, contaminación ambiental y crecimiento poblacional. Ubicado en la comuna de Huechuraba, justo donde termina Avenida El Salto (a cinco minutos en auto de Espacio Riesco), existe con el nombre de Bosque Santiago desde que en 1905 lo donaron las familias Riesco y Aguirre. Fue el primer vivero de Santiago y de aquí salieron los árboles que permitieron forestar el Cerro San Cristóbal. Recién en 2003 empezó a funcionar como Centro de Educación Ambiental al aire libre. Hoy recibe 30.000 visitas al año. Sin embargo, al ser casi todos sus visitantes niños de colegios, es prácticamente desconocido por adultos.

Así como hay lugares poco conocidos, lo mismo pasa con los accesos. El año 2016 se inauguró la entrada Zapadores, la primera en la zona norte de Santiago. Ubicada entre las calles Zapadores y Los Turistas, actualmente permite que unas 600 mil personas de las comunas de Recoleta, Conchalí, Huechuraba, Independencia y Quilicura puedan entrar en forma mucho más directa al Parque Metropolitano. Así podrían, por ejemplo, aprovechar una puesta de sol en el Mirador Atardecer. ¿No le suena? No se preocupe, pues es relativamente nuevo, igual que el Mirador El Plomo. Ambos son una extensión del Anfiteatro Pablo Neruda, obra de los arquitectos Carlos Martner y Humberto Eliash. Esos tres espacios, joyas del patrimonio paisajístico, están ubicadas en el cerro Gemelos, cuyo acceso se ubica muy cerca del que lleva a la piscina Antilén. Piscina que, a su vez, es un diseño de hace más de 40 años del propio Carlos Martner, al igual que la piscina Tupahue. La cual, a su vez, tiene un fantástico mural diseñado por la hermana de Carlos, María Martner, junto al muralista mexicano Juan O´Gorman. Detengámonos aquí. Es muy probable que usted haya visto alguna vez ese mural, pero también es muy posible que no haya reparado en su importancia. Le contamos: O´Gorman fue el último representante de la estirpe de los grandes muralistas mexicanos que florecieron en la primera mitad del siglo XX, entre los cuales destacan Rivera, Siqueiros y Orozco. Fue además el arquitecto de la Casa O’Gorman, joya iniciadora de la arquitectura moderna latinoamericana que construyó entre 1929 y 1931; y además fue el responsable de las famosas casas de Diego Rivera y Frida Kahlo que miles de personas visitan año a año en México. Bueno pues, ese genio diseñó gran parte del mural que enfrenta la piscina Tupahue, y María Martner, la artista número uno de la piedra en Chile, amiga de Pablo Neruda, responsable de grandes obras de arte en todo el país, la co-diseñó y la ejecutó.

Podríamos seguir. Podríamos ocupar todas las páginas de esta revista en nombrar lugares escondidos, desaparecidos o conocidos, aunque mucho más importantes de lo que uno imagina. Pero la idea es dejarlos con ganas de explorar, de recorrer y de amar el fantástico Parque Metropolitano. Que es, perdonen la insistencia, mucho más que el cerro San Cristóbal.