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Santiagoadicto II

Han pasado casi seis meses desde la publicación en estas mismas páginas de la columna “Santiagoadicto”. Ese mismo día, el sábado 28 de octubre de 2011, lo que salió impreso en papel y en tinta digital en Tendencias de La Tercera dio inicio y motivó la creación del twitter @santiagoadicto, que hoy tiene más de cuatro mil seguidores. En pocos días más, Santiagoadicto será también un programa de CNN Chile, para que el amor irrestricto a la capital de Chile sea expresado en todos los formatos posibles. Es esa pasión por Santiago, y la injusticia de sentir que la ciudad más importante del país ha sido vapuleada y criticada desde la ignorancia por décadas, lo que me lleva a declararme un fan, un groupie de este notable pedazo de tierra en el que nací y vivo.

Y así lo percibo también a través de los comentarios y aportes visuales en twitter: somos muchos y, cada vez más, los que sentimos el inmenso privilegio de vivir en estos más de 600 kilómetros cuadrados. Me hacía la siguiente pregunta hace unos días, ¿cuántas veces, miles de santiaguinos habrán pasado caminando por el número 1340 de la calle Compañía, en pleno centro, sin detenerse a mirar el maravilloso edificio que se levanta allí? Se trata del Palacio de la Alhambra, una construcción de estilo morisco que se inspira en su par de Granada y en El Alcázar de Sevilla, que fue construido hace 150 años y que por fuera y por dentro tiene razones de sobra para dejar boquiabierto a cualquiera. Miramos poco, casi nunca levantamos la cabeza y, como escribía otro columnista esta misma semana, corremos mucho pero caminamos poco. Y, en el proceso, nos perdemos este pedazo de ciudad. ¿Cuándo fue la última vez que caminó por calle República, especialmente por las cuatro cuadras más cercanas al Club Hípico? Esa era la calle más elegante de Chile hace un siglo y ahí se encuentran algunas de las casas más hermosas de Santiago. Por ejemplo, la que construyó el industrial belga Amadeo Heiremans y que hoy alberga al Museo de la Solidaridad Salvador Allende. ¿Lo conoce? Probablemente no. Un dato: a mediados de mayo celebran 40 años de vida y lo harán mostrando parte de su colección de arte contemporáneo, que incluye unas 2600 piezas, entre obras de Miró, Calder y Matta. De hecho, se trata de una de las colecciones de arte moderno más importantes de América Latina y muy, pero muy poca gente visita este museo. Una pena. Una tontera. Porque Santiago no puede ser la gran ciudad que es mientras uno no la viva, salga de su burbuja personal, la recorra, la toque, la conozca y la empiece a querer, a cuidar y a admirar.

¿Se ha dado una vuelta por Matucana últimamente? Le cuento: la Quinta Normal quedó espectacular después de la remodelación, hay una laguna, botes, mucha vegetación, juegos de agua para que los niños lo pasen increíble en verano, sillas de piedra con mucho diseño y gente compartiendo en familia. Al otro lado de la calle está el Museo de la Memoria, un must de Santiago que algunos se pierden por flojos y otros por ideología. Pegado a la Quinta Normal está el fotogénico Cité Las Palmas. Y a pocos metros está la Biblioteca de Santiago. Un par de cuadras más allá, subiendo por Huérfanos o por cualquiera de sus calles paralelas, está el barrio Yungay, donde el graffiti artístico, los pasajes, los cités y lugares clásicos como la Peluquería Francesa o la Fuente Mardoqueo le dan a esta zona un tremendo carácter. No muy lejos de ahí está la Plaza Brasil y sus juegos, probablemente los más lúdicos y creativos de la Región Metropolitana. Los diseñó hace casi veinte años Federica Matta, hija de Roberto, y en total son 22 esculturas que representan diversos temas de la identidad chilena. Ponga a su hijo a jugar ahí y le garantizo que no podrá sacarlo por las siguientes tres horas. Sigamos subiendo, ahora hasta la Biblioteca Nacional, en plena Alameda. ¿Qué tal un happy hour en la terraza del quinto piso del Cesar Business, hotel que está al frente de ese edificio histórico y que tiene una espectacular vista del centro? No le explico lo que es ver al sol poniéndose detrás de la Torre Entel. Ultra fotogénico. Y así. Sigue y sigue. Santiago está lleno de sorpresas. El problema es de uno que no mira, no recorre ni tiene la menor idea de dónde vive. Hay que cambiar el switch y mandarse a hacer una polera que diga “Yo amo Santiago” o, si prefiere, “Soy un Santiagoadicto”. Esta extraordinaria ciudad se lo merece.