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Preocúpese por el alcalde

Mañana es el gran día para las ciudades en Chile. Ya que no tenemos gobiernos metropolitanos, menos aún alcaldes mayores y ni siquiera intendentes electos en forma democrática, los alcaldes son los protagonistas del juego urbano. No son los únicos, claro, ya que en Chile hay ministerios como el MINVU, el MOP y Transportes/Telecomunicaciones que determinan en un porcentaje considerable lo que sucede en el pueblo más chico y en la urbe más grande.

Sin embargo, los alcaldes importan. Y mucho. Tienen poder, plata (“La municipalidad de Las Condes tiene un presupuesto de 120 mil millones, más grande que el del Gobierno Regional Metropolitano, de 100 mil millones”, dice el Intendente Claudio Orrego), capacidad de ejecución, personal a su cargo, cercanía con los ciudadanos y son elegidos democráticamente.

Hago el énfasis en estas atribuciones, pues lo que de verdad está en juego mañana es la elección de alcaldes. Los concejales, en cambio, que en esta elección son muchos, generalmente prometen lo que no pueden cumplir, suelen saber poco de ciudad y menos es lo que pesan a la hora de tomar decisiones. “Las coaliciones de izquierda y derecha entraron en pánico y decidieron disparar a la bandada presentando el mayor número de candidatos a concejales en lugar de hacer primarias. Me consta que hasta el último día corrieron llamados ofreciendo a cualquiera ser candidato, bastaba tener ganas, tiempo y carisma, aunque sus ideas no fueran afines al partido”, decía esta semana el destacado urbanista Pablo Allard en su columna de La Tercera. Y agregaba que “lo que me aterra es que muchos de estos candidatos no tienen la menor idea de los alcances, responsabilidades, limitaciones e importancia del cargo”. Tal cual.

Basta chequear los verbos que describen lo que puede realmente hacer un concejal para tener la película más clara. Son, básicamente, cuatro: fiscalizar, recomendar, solicitar y supervisar. ¿Importante? Sí, pues ayudan a que el alcalde no se arranque con los tarros. Pero, al carecer de un presupuesto asignado y capacidad de ejecución, el concejal es, más que nada, un semáforo que aplica luz amarilla y roja ante situaciones irregulares. Lo dice con mucha sinceridad un candidato (J-19) a concejal por Lo Barnechea en el volante que reparte por la calle: “Principales funciones del concejal: Aprobar o rechazar presupuesto y ordenanzas municipales + Rol fiscalizador”. Curioso es que en la misma cara del volante “propone” crecimiento sustentable, seguridad vecinal, deporte y cultura. Bonito, pero fuera de sus atribuciones.

Peor aún. Donde más puede aportar un concejal es en las comisiones de trabajo. Ahí se puede hacer cierta diferencia a la hora de proponer proyectos, especialmente si se posee capacidades técnicas, pero suceden dos cosas: son pocos los concejales realmente dispuestos a invertir tiempo en esas comisiones y tampoco abunda el expertise.

Mis respetos sinceros a quienes se postulan a concejal e intentan aportar de manera pública, pero el queque que de verdad se corta este 23 de octubre está hecho con harina de alcalde. Ése sí que pesa, ése es el verdadero patrón del fundo y ahí sí que hay que votar informado.