Imagen-Terreno-ex-Villa-San-Luis-24
Imagen-Terreno-ex-Villa-San-Luis-24

¿Debe ser Monumento Nacional la ex Villa San Luis?



Quedan dos edificios a medio demoler de lo que alguna vez fue la Villa San Luis en Las Condes. Nada más. No sólo se ven tristes, sino que representan un riesgo para cualquier persona que pase cerca. Por eso, el terreno de más de 10.000 m² donde se encuentran está cerrado y es hoy inaccesible. Un reciente fallo de la Corte Suprema ratificó que más de 3000 m² de este espacio son monumento histórico y, por lo tanto, no se pueden tocar los edificios semi demolidos hasta que se llegue a un acuerdo entre la inmobiliaria que quiere levantar modernas torres de oficinas y el Comité Pro Defensa de la ex Villa San Luis. Visto así, algunos se preguntan: ¿De qué monumento estamos hablando? ¿Por qué dos ruinas interrumpen el desarrollo de una pujante zona hoy denominada Nueva Las Condes?
Sin contexto, sin conocer el pasado, difícil es poder entender. Pero algunos datos y un poco de memoria pueden cambiar completamente el escenario.
Aquí se produjo “la más grave violación a los derechos humanos ocurrida en dictadura en el ámbito urbano”, explica Miguel Lawner, el hombre responsable de la construcción de la ex Villa San Luis y quien dirigió la CORMU (Corporación de Mejoramiento Urbano) en el gobierno de Salvador Allende. Lawner se refiere a los 1038 departamentos distribuidos en 27 edificios que fueron asignados en la Unidad Popular a familias que vivían en la ribera norte del río Mapocho, que habían estado años postulando a una solución habitacional y por los cuales pagaban religiosamente sus dividendos, a quienes entre 1974 y 1976 el gobierno militar desalojó completamente, dejando a algunas literalmente en los potreros y reubicando a otras en sectores periféricos y vulnerables que, en la actualidad, son las comunas que protagonizan la segregación santiaguina.
No sólo se expulsó ilegalmente y con violencia a más de cinco mil personas del lugar donde vivían, sino que se le entregó ese espacio a familias de militares, las cuales algunas décadas más tarde también fueron reubicadas para que todo el terreno fuera vendido a un proyecto inmobiliario.
“Lamentablemente, en 1991, ya en democracia, el ejército logró legitimar este despojo con la complicidad del ministerio de bienes nacionales, aunque los tres decretos reservados decían que si no se utilizaba el inmueble para los fines señalados por el ejército se pondría termino a la destinación. El ejército hizo caso omiso de esta restricción y trasladó al personal que ocupaba los departamentos. Sin mediar licitación alguna, anunció (en 1997) que había vendido el terreno con todos sus edificios a una sociedad inmobiliaria. Nuevamente el ministerio de bienes nacionales amparó esta negociación. La inmobiliaria inició la demolición de los edificios anunciando en su lugar la construcción de un gran centro de negocios”, detalla Miguel Lawner en su libro “Memorias de un arquitecto obstinado”.
Hay otro punto importante. Uno que permite defender la importancia arquitectónica de este espacio como monumento histórico. Los arquitectos y las empresas constructoras detrás de la ex Villa San Luis fueron algunos de los nombres más importantes y de mayor calidad en la industria. Hablamos de Cristian Fernández Cox, Premio Nacional de Arquitectura; de Silva, Alemparte y Valdés; de Jorge Swinburn junto a Sergio Larraín; y de Isidoro Loi junto a Nicolas Freund. Y por el lado de las constructoras: de Boetsch, de Moller y Perez Cotapos, así como de la empresa Desco, entre otras.
Vamos entonces a la siguiente cuestión. ¿Quiere el Comité Pro Defensa de la ex Villa San Luis que estos dos edificios queden así, en ruinas, inaccesibles? Para nada. Hay absoluta disposición a sentarse con la inmobiliaria y llegar a un acuerdo que permita levantar un sitio de memoria y que, al mismo tiempo, la empresa pueda también desarrollar su proyecto de oficinas. A nadie le interesa que los dos edificios queden congelados en esa imagen triste y vulnerable que proyectan hoy. Uno de ellos podría ser recuperable y así transformarse en este espacio patrimonial. O, tal vez, la decisión pase por levantar un nuevo lugar que permita hacer justicia a este hito ciudadano donde hace casi medio siglo se dio un paso gigante para avanzar en la integración social de Santiago.
Lo que es evidente a partir de la historia, de los hechos, del dolor ocasionado y de las injusticias cometidas es que la ex Villa San Luis no sólo merece, sino que debe ser Monumento Nacional. Una especie de papel pegado en nuestra frente que nos recuerde lo mejor y lo peor de nosotros, un espacio y un territorio desde donde empecemos a construir una nueva historia de justicia social y de transversalidad para la capital de Chile.