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¿Cuándo fue que el 18 se transformó en la gran fiesta nacional?

Hubo un tiempo en que no teníamos una fiesta nacional, teníamos tres: el 12 de febrero, el 5 de abril y el 18 de septiembre. Era la “multiplicidad festiva” en el Chile republicano, como lo llama Paulina Peralta, autora del libro “¡Chile tiene fiesta!”. “En términos simbólicos, se creía que estas tres fechas conmemoraban una serie de sucesos que habían determinado la existencia política de Chile”, explica la historiadora. Hagamos memoria. El 12 de febrero de 1818 se realizó la “Jura de la Independencia”, el 5 de abril del mismo año ocurrió la Batalla de Maipú -victoria que selló la independencia de nuestro país- y, diez años antes, el 18 de septiembre de 1810, se instaló la Primera Junta de Gobierno. Eso explica que las tres fiestas se veían como capítulos, trozos vivos de una misma historia. Es más, se hacía una analogía con el ciclo vital. De esa manera, el 18 de septiembre era el nacimiento y la infancia, así como las dos fechas ocurridas en 1818 representaban la madurez. “Hemos pasado de una adolescencia, contrastada de riesgos y de sangre, a la mayoridad de la independencia, en que la ley y la libertad son el patrimonio del valor y la victoria”, se leía en la Gazeta Ministerial de Chile en 1822. ¿Van notando algo? No sólo dejamos de celebrar dos tercios de las fiestas, sino que el sentido que le damos hoy al 18 de septiembre se aleja bastante de su origen. O, como dice el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, hay mucho mito alrededor de esta fecha. “Primero, que nos hemos independizado; segundo, que nos independizamos de España; tercero, que en 1810 pasamos a ser una democracia; cuarto, que la independencia es el comienzo de Chile; quinto, que la independencia es una revolución. Como todos los mitos, tienen algo de verdad. Pero hay que volverlos históricos, cuestionarlos, problematizarlos”. Algo que justamente hace Paulina Peralta en su libro. “El 12 de febrero era considerada como una fecha en la cual se selló el destino de los chilenos, no así el dieciocho”, relata en una de las más de 200 páginas del texto. Sin embargo, la historia anota un solo ganador. ¿Qué pasó con las fiestas del 12 de febrero y del 5 de abril? La segunda duró poco. En 1824, un decreto declaraba que “no habrá en lo sucesivo más días feriados que el 12 de febrero por el aniversario de la declaración de nuestra independencia y el diez y ocho de septiembre por el de la regeneración política de Chile”. Interesante concepto el de regeneración. “Un segundo nacimiento”, explica Paulina Peralta. La idea de un pueblo que vuelve a nacer. ¿Y el 12 de febrero? Un decreto de 1837 deja reducida esa fecha a pequeñas demostraciones que se pierden con el correr de los años. Desde hace 180 años, entonces, el 18 no tuvo más competidores. Varias razones hubo para esto. Las fiestas eran caras y el dinero escaseaba. El gobierno quería aumentar la productividad, razón por la cual se empeñó en reducir no sólo los festivos civiles sino también los religiosos. Febrero, para remate, era época de trilla, de vendimia, y eso requiere fuerza laboral. Sumemos el hecho de que el 18 era una celebración civil, en cambio las otras dos aludían a lo militar: el 5 de abril por la batalla de Maipú y el 12 de febrero coincidía con la batalla de Chacabuco, ocurrida en 1817. “El dieciocho calzaba mejor con la imagen de una nación gobernada bajo el imperio de las leyes, del orden y la tranquilidad”, escribe Peralta. Y está el factor de las rivalidades políticas, así como el estacional. “Las fechas excluidas aludían favorablemente a O’Higgins, a quien se le había hecho un golpe de Estado y se le había exiliado, y aun cuando el 18 celebra una fiesta ‘oligárquica’, su cercanía con la llegada de la primavera presentaba una buena ocasión para ofrecerle al populacho la posibilidad de que hiciera su carnaval y se empachara a su antojo”, dice Jocelyn-Holt. Y hay más. A la hora de optar, ayudó que la celebración del 18 tuviera casi una década más de historia que sus competidoras. Algo que, según explica Peralta, tiene que ver con la legitimidad: cuantos más años tiene una nación, más madura se le ve y es más posible establecer relaciones con el resto de las naciones. No hay duda. Chile tiene fiesta. Una sola. Pero no siempre fue así.