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El discreto encanto del “castillito” del Parque Forestal

Arquitectura ecléctica y misterio mezcla este olvidado edificio. Hace 100 años fue la administración de la antigua laguna frente al Bellas Artes. Luego, jardín infantil y centro de esterilización animal. Hoy, es una gris oficina municipal.
Más conocido como el castillito del Forestal, la historia de este enigmático edificio es proporcional a lo ecléctico de su estilo. El recinto está estrechamente ligado a la construcción del Parque Forestal a principios de siglo y fue habitado, durante décadas, por su cuidador. A su vez, no sólo albergó la oficina de uno de los paisajistas y creadores del parque, el francés Guillermo Renner, sino que también a la entidad a cargo de la administración de la extensa laguna que, alguna vez, existió en el sector. Así lo asegura Luis Berríos, actual director de Bibliotecas y ex subdirector del departamento de Cultura de la Municipalidad de Santiago, cargo que desempeñó durante años al interior del castillito.
El edificio fue proyectado por Alvaro Casanova Zenteno, presidente de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, pero al desecarse la laguna perdió su utilidad original. Si bien la Oficina de Turismo de Santiago señala (como parte de la información que actualmente entrega respecto de la historia del Parque Forestal) que la laguna fue secada en 1944, la artista y museóloga Lissette Balmaceda asegura en su libro El Museo Nacional de Bellas Artes (1880-1998) que ésta fue eliminada en 1930.
El abogado y fundador de la productora cultural Giroscopio, José Alberto Bravo, argumenta que el Mapocho Navegable tiene un pariente lejano: la laguna del Parque Forestal, que entregaba sus aguas de vuelta al río. “Al momento de su inauguración, éste era uno de los principales atractivos del parque. En ella, las parejas podían pasear en botecitos a remo y servía, además, como un gran espejo de agua que exaltaba el flamante Museo de Bellas Artes. Tan clara era esta función y tan noble el resultado, que la colonia y el estado francés instalaron, en el eje entre el museo y la laguna, su hasta hoy reconocible monumento-regalo (en la plaza Francia) para el Centenario del país”, cuenta.
Y agrega un dato histórico, ayudando a dilucidar parte del misterio acerca del estanque: “la laguna se vació en la década del 40 por motivos sanitarios, pero por todas partes quedaron huellas de su existencia. De hecho, sólo le falta el agua: la depresión que la conformaba aún se puede reconocer en el parque actual, al igual que su costanera y uno de sus puentes. En la esquina norponiente, por ejemplo, aún se encuentra el muro que hacía las veces de embarcadero y del que aún cuelgan algunas de las argollas en que se amarraban los botes. Y un poco más allá está el misterioso castillito, que no era otra cosa que el lugar donde se arrendaban los botes y donde se controlaba, además, la compuerta de descarga en el Río Mapocho”.